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30.10.14

DE EL REENCUENTRO CON EL ÚNICO Y VERDADERO AMOR...

"-Siempre me han gustado tus iniciales…-
-GMC está chido, ¿no? :) -"

Tenía mucho tiempo que no me daban ganas de escribir un post “de esos”… de esos que salen sin previo aviso y se vuelven favoritos, porque expresan tantas emociones, que la gente se vuelve loca por saber de qué o de quién se está hablando, o simplemente porque el contenido de proyecciones emocionales es fácilmente identificable por aquellos a los que alguna vez en su vida fueron tocados por ese virus emocional que estremece el corazón y cuyo nombre no pronunciaré… no en este blog, no en éste post. Porque este post no trata sobre el amor… Douh!!


Pues llego la hora, la musa volvió a postrarse frente a mí y esto fue lo que me regalo.


-Siempre me han gustado tus iniciales-… le dije hace unos días, pero la realidad es que siempre me gustó y siempre me ha gustado todo de ella, aunque se hubiera llamado Gudberta, Masiosare, Gelipa o Ruperta. Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían razones para serlo, bueno algunas veces fui un completo imbécil. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y los espinos. Aquéllos primeros gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; los otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie puede borrar ya. Justo de eso se trata esta querella de letras, de los designios e infortunios que cada quien tiene que vivir para llegar a dónde está.

Así como muchos de ustedes, en su tiempo; yo tuve una primera novia. Mi primera novia era hermosa. ¡Vamos! Era tan hermosa como todas las primeras novias. En aquél entonces tenía 17 años, por uno meses menos, yo también y siempre temblaba al verla, yo le regalaba una flor y ella me regalaba un beso, era un trueque justo en el que ambos ganábamos. Tomados de la mano vagábamos por las calles laterales. Hablábamos estupideces sin sentido, a veces veíamos el futuro, nuestro futuro y nos reíamos. Yo era el amor de su vida, ella era el amor de mi vida. Nos despedíamos casi siempre en la esquina de su casa. Luego yo regresaba presuroso a la mía. Era el tiempo de curas, ángeles, fuego eterno y toda esa mierda. Estando con ella todo era hermoso y doloroso. Hermoso por estar con ella ¡Era el amor de mi vida! Doloroso porque todos los días tenían fin aunque al día siguiente, todo volvía a comenzar. En fin, pasaron los años. Recuerdo el tiempo cuando iba a su casa en las noches o ella venía a la mía cuando no había familia. Y hacíamos “el amor” o el sexo. No importan las categorías, en ese entonces yo era tan precoz, que sea lo que fuere que hiciéramos; duraba lo que hoy en día dura el “verdadero amor”, un instante; aunque siempre era hermoso. Terminábamos y si mi hermano no nos descubría semidesnudos nos quedaba tiempo para contarle algunas historias y sonreír.

A veces lloraba y le consolaba. Le decía que la vida era así. Que no se preocupara. Que vendrían tiempos mejores. Y si se podía, volvíamos a hacer el amor o el sexo. Sin importar las categorías. Luego pasó el tiempo, otra vez.

¿Cuántas veces vuelven a nosotros sentimientos que ya creíamos superados?

Cuando menos lo esperas vienen a tu encuentro pensamientos ya olvidados capaces de despertar en uno mismo aquello que ya dábamos por olvidado. De pronto, una pregunta empieza a rondar tu mente o una emoción aletargada por el tiempo vuelve a renacer… y ya no hay vuelta atrás. Difícil explicar lo vivido. Difícil relatar lo ocurrido. Difícil demostrar lo sentido. Hay momentos que están hechos para ser experimentados en carne propia, pues hasta al mejor escritor le faltarían palabras para expresarlo. Momentos que a pesar de ser relatados con uno y mil detalles no se acercarían ni en una décima parte a lo que en realidad fueron.

Explosión de sensaciones, de vivencias, de encuentros, de sonrisas, de lágrimas, de afectos, de conversaciones, de emociones… Una amalgama de todo y de nada, de todos y de nadie, de ti y de mí.

Ahora, desde la distancia que otorga el tiempo, uno se empeña en poner nombre a cada hecho pasado, sentido y ocurrido. Uno intenta organizar cabeza y corazón como si de una despensa se tratase para que todo quede bien colocado y asentado… Pero imposible… Hay tal imbricación de emociones que al recordarlo lo único que viene a mí es una sonrisa de satisfacción y a la vez de complicidad. Una sonrisa que pone de manifiesto la magia y locura de todo este misterio.

Hace poco soñé que estaba nuevamente allí. Con ella. Todo pasaba y nosotros mirándonos frente a frente no nos dábamos cuenta; trenes que descarrilaban y caían por precipicios, barcos que se hundían envueltos en tormentas, aviones que desaparecían de los radares. Incluso le decía que era un sueño. -Es un sueño GMC- le decía. Esto no está sucediendo. -No es un sueño- contestaba. Estás nuevamente conmigo. Me amas como antes. Soy el gran amor de tu vida. -Es que no puede ser-, le dije. Ya verás cuando despierte, tú no vas a estar. -No es un sueño mi amor. Estoy contigo y no necesitas despertar. ¿Es que acaso no recuerdas el gran amor que nos tuvimos? Ese amor ha vuelto. Estoy aquí para ti. Para nunca separarnos más-.

-          No creo en ti ni en los putos boleros. Esto es un sueño. Nada más que un sueño. - Eso le dije.

Desperté, exaltado, verifiqué que no estuviera durmiendo a mi lado y me alegré. Los trenes llegarían a su destino. Los barcos arribarían a la costa. Los aviones aterrizarían a tiempo. ¿Me alegré de que en verdad fuera un sueño?

Cada tanto el amor se termina. Al menos, eso es lo que se nos dice, o la forma en como la vida, nos adoctrina. Es un cataclismo, no atinamos a nada. Es un pequeño cataclismo. Las olas golpean fuerte en tu corazón. Debes empacar e irte. No hay remedio. Debes alejarte del rompiente. Tomar el primer tren. Alejarte. Debes alejarte. Volver a ese lugar solitario tantas veces recorrido. Es duro. Ya sé que es duro. Debes hacerlo. Convertirte en sombra de tu sombra. Caminar sin rumbo por derroteros desolados. Caminar sin rumbo, sin alma, sin gente. Seguro que al menor descuido, los pájaros del adiós te sacarán los ojos. Caminar por lugares en donde no crece la hierba. Y solo, completamente. Sabiendo que el mundo se deforma. Que todo ha dejado de tener sentido. Que el tigre atenaza su presa. Y vas y vienes. Das vueltas por ahí. El mundo es un paraje desierto. Hasta que llegas a un terreno baldío, y en una pared, escrita con letra de molde y pintura en aerosol, la frase;

NO TE DESPIDAS DEL AMOR, DESPÍDETE DE QUIENES NO TE SUPIERON AMAR”…

Sigues caminando, analizas esas palabras y tratas de recomenzar, conoces gente nueva, nuevos rostros, más sonrisas, te vuelves a enamorar, y siguen pasando los años, te comprometes, aprendes a hacer el amor, o el sexo, sin importar las categorías, lo haces cada vez mejor, otras veces peor, aprendes mañas, trucos y de vez en cuando a mentir, por placer, por condescendencia, por simple gusto para darle gusto a alguien que en realidad no te interesó tanto, total, te pierdes en el sendero que alguna vez trazaste con aquella primera hermosa novia, de la que te hablaba al principio, te olvidas de ella… ¿te olvidas de ella?

Hace unos días publiqué en Facebook, un post previo a éste escrito (o sea intencional):


En el que hablaba de manera resumida y poco ortodoxa, todas las veces que su servidor TECUAN, se mimetizaba con el ambiente, se transmutaba para ser aquello que todas esas mujeres, novias, amantes y relaciones fugaces que me permitieron converger en sus vidas (o entre sus piernas), desearon que fuera.

Y una antigua amiga, tal vez, sabiendo lo que estaba tratando de decir o expresar, me preguntó “Y alguna vez alguien fue todo eso que siempre deseaste? Hubo alguien que te robó amor y que se lo llevara todo tras su partida?” (Pueden corroborarlo en el link de arriba)

Bingo!! ¿A caso fui tan claro, acaso la claridad de mis palabras dieron en el clavo?

Uno conoce al amor de su vida en el punto de su existencia en el que es más… limpio, en la pureza ínfima de su existencia, en su estado mental más inocente y cuando esa persona se va, SE LLEVA TODO consigo, se lleva una parte de ti para siempre, y tú te quedas con algo de esa persona también para siempre…

Pretendiendo ser lo que soñé ser, y rozando las ánimas de lo que jamás pude ser, finalmente terminé siendo víctima de mis sentimientos. Porque descubrí al fin, que mi amor no es el amor, ni mi vida la vida.


Y sabiendo que falta poco para mi final, decidí escribir éstas líneas para que no se perdieran nunca dentro de los recovecos sombríos de mis palabras sin razón; decidí escribir antes que llegara ella y me llevara finalmente a ese lugar donde mi corazón deja de latir, o mi alma vuela por lugares encantados; decidí escribir éstas líneas antes que mis ojos se cerraran y mi cuerpo dejara por un momento ésta paz indulgente que a veces me viene a visitar.


Luego… luego todo fue recordar; recordar, que amar es algo divino, que amar es mirar a los ojos a la mujer de tus sueños siendo víctima del tiempo; y aunque su cabello algún día ya sea gris, y su cuerpo un recuerdo del aliento de lo que es bello, sentir, que no se puede no seguir enamorado del amor que ése ser lleva dentro por ti; y dejar de lado todo lo que es de este mundo, y dejar de lado lo que se mira con los ojos y abrazar lo que se ve con el alma.

¿Les dije que entonces pasó el tiempo no? Y después de tantos triunfos y fracasos (en lo emocional), con parejas que vienen y se van, después de todas esas relaciones fallidas e incompletas, un día así sin más, la vuelves a encontrar, física… fisiológicamente hablando, los cambios son evidentes e incuestionables, pero emocionalmente para tu sorpresa, las cosas no han cambiado, aun tiemblo al verla o de simplemente pensarla cerca, pareciera que los sentimientos no son dominados por el paso del tiempo, y esto no es un asunto de obsesión, ya que jamás tuviste la necesidad de buscar o de no alejarte, hablo simplemente de que, tus emociones estaban dormidas, estaban desactivadas y de pronto, y sólo ella tiene la llave, la clave para reactivar esas emociones tanto tiempo guardadas, aisladas en aquella esencia escondida, esa por la que todo mundo te cuestionaba “Tecuan, has cambiado, ya no eres el mismo”…

Aquella noche que la soñé, me di cuenta que ya era víctima de la mujer de mis sueños; esa, que había dibujado mi alma tantas veces con sus manos; y supe también, lo que era el dolor de amar y aprendí que nadie… nadie puede hablar o puede sentir amor sin antes haber conocido el dolor de entregarse sumisamente a un sentimiento tan sublime.


Sonreí, y recordé que aprendí que no se puede amar sin dolor; que todo es uno, y mi dolor en sí fue la sensación más exquisita al momento de saber que realmente mi cuerpo ya maltrecho y mi corazón murmurante, ya no me pertenecían porque se fueron el día que me redescubrí mirándola fijamente marcharse desde el día que debíamos terminar con todo; como si yo fuera un adolescente enamorado, que suda, y sonríe a medias, cuando la mujer que ama deja la estela de su perfume en todo el ambiente.

Resoplé un instante; sequé el sudor de mi frente con un pañuelo. Sabía bien… que mi momento se acercaba y no quería dejar ningún bache en mis líneas. Como esa vez que supe que el hombre valiente no es aquel que enfrenta sus miedos, sino el que aprende a reconocerlos y los embauca por un instante en la vida, porque el que es realmente valiente, sabe que los miedos nunca mueren, y enfrentarlos, es algo cotidiano que hacen muchos, miles, millones de seres diariamente cuando respiran, cuando caminan, cuando rezan, cuando duermen...

Pero aquellos que reconocen sus miedos y bailan con ellos el vals de la incertidumbre son los que llevan ventaja; porque saben que realmente no son perfectos. Y saben bien, que el miedo está latente midiendo cada paso, habitando cada casa, durmiendo en cada cama.

Es el mismo miedo que hoy acaricia mi sien y hace que mis rodillas se derritan. Como cuando caminé desfalleciendo hasta estar cerca, muy cerca de la mujer de mis sueños, y entre una extraña mezcla de delirio místico y desastre natural personal, le dije que la amaba. Recuerdo ese momento como si todo el universo hubiese hecho silencio por un breve instante. Y realmente fue como el sentenciado a muerte al que le conmutan la pena, o el exhausto viajante que recibe la lluvia salvadora en el desierto. Creo que volví a tener sentimientos semejantes, pero nunca jamás iguales; recuerdo que mi cuerpo flotaba y el peso de mi corazón había desaparecido... pero el peso del amor que se había instalado en mi alma me mantuvo en tierra. Así sentí mi amor, mi experiencia con el amor.

Y todo pasó: el tiempo, las cosas, los trabajos, los amigos, los lugares; y nosotros dos pasamos, cada quién  protagonizando los papeles estelares de su vida. Y hoy, ya que mi cuerpo cambió para siempre, mi pulso firme se volvió un tornado entre mis dedos, y mis recuerdos ocupan gran parte de mi memoria, me encuentro aquí nuevamente donde todo empezó… solo, en silencio esperando que mi corazón deje de latir.

El sol parecía estar yéndose a toda prisa y el cielo contenía a duras penas las nubes que querían zafarse de una vez por todas; parecía, como si Dios supiese que mis minutos estaban contados, y que mi aliento se aceleraba esperando su presencia… siempre había sido igual.

Ahora sólo estoy esperando el momento, el momento en el que la vea acercarse mí lentamente, y la vea con su paso asesino, su cabello largo (siempre me gustó su cabello largo, y sus iniciales), su piel distinta a la de hace 15 años, y su mirada un poco errante. Para que el universo quede en silencio. Y que me mire, como tantas veces lo había hecho; y estar ahí, sabiendo que sigue siendo ella, la mujer de mis sueños, y no poder evitarlo. Que mi aliento se entrecorte, mis ojos se cierren, mi corazón dé un vuelco, y todo mi cuerpo tiemble un poco más de lo habitual.


Y yo... yo morir de amor una vez más...

¡¡¡Cómo me gustan tus iniciales!!!

TECUAN

Aclaro, escribir sobre el "reencuentro" con el verdadero amor, no implica que el verdadero amor te reencuentre, O QUIERA REENCONTRARTE...

15.10.13

DEL AMOR VERDADERO Y LA SOLEDAD...

Últimamente he andado muy meditabundo respecto a cuestiones de la vida, el amor, el universo y todo lo demás, es un hecho interesante, sorprendente y profundo, pero debido a muchas circunstancias, no siempre y no para todos esto se hace evidente o relevante.

Ya en varios estados recientes en mi perfil de FB y en post anteriores en éste blog, he hablado mucho sobre diversas maneras de ver y sentir; la soledad, el amor, la depresión e incluso los saltos de fe, para salir de la “zona de confort”. Vivir una vida activa, real y consciente resulta ser sumamente difícil, sobre todo ahora, en ésta época tan compleja y contradictoria. Siempre se nos vienen encima un montón de problemas y situaciones de estrés que tienen su repercusión en nuestros estados moral, mental, intelectual, espiritual, etc.

Nuestra vida pasa por una agitación constante y nosotros somos incapaces de romper ese círculo vicioso al que al parecer vamos acostumbrándonos con el tiempo. A veces muchas personas se ven forzadas a concluir un trato con su conciencia renunciando a sus principios. La lucha por el bienestar material ha llegado a ser para muchos el credo de toda su vida, el principio supremo de la existencia en nombre del cual todo está permitido. Esta lucha ha convertido a muchos hombres en fanáticos servidores del culto más popular en el mundo, aquel que desplazó de nuestra vida no sólo la noción de una creencia en una entidad “superior” sino también muchos valores espirituales y humanos: su majestad el Dinero.

Su gobierno, al igual que el de cualquier tirano, al principio ofrece promesas tentadoras, pero luego trae consigo sólo decepciones, frustración y fracaso de las ilusiones. Tras la fachada de un paraíso idílico donde el hombre materialmente asegurado puede adquirir y hacer todo lo que quiera, se esconde una multitud de conflictos humanos no resueltos que quizá no afecten al cuerpo, pero sí al alma. Hay tantos problemas que no se resuelven con dinero y enfermedades cuya curación no se compra con millones... Cuanto más valor van adquiriendo los problemas materiales, convirtiéndose en una prioridad vital, tantos más problemas del alma van pasando al anonimato de la clandestinidad. Pero el hecho de que esos problemas no salten a la vista de todos no quiere decir que no los haya, que los hombres no sufran por ellos o que no se agraven día a día. El problema es que muchas personas tienen tantos problemas de identidad, debido a la máscara de la sociedad con que deben andar siempre, aparentando y pretendiendo mantener su “statu quo”.

Por ejemplo. La soledad es uno de estos problemas palpitantes y delicados del alma humana que nos afectan a todos, independientemente de nuestra situación material, nivel intelectual o títulos adquiridos. No existe ni una sola persona que pueda presumir de no haber sentido nunca en su propia piel ese estado interno tan particular que puede ser a veces doloroso y a veces, por el contrario, muy profundo y especial.

¿Por qué y en qué situaciones el hombre puede sentirse solo?

A pesar de que yo lo he sentido muchas veces, no es fácil responder a esta pregunta. Me gusta utilizar una analogía al problema de la soledad, como un enorme iceberg. Esto es, existe una pequeña parte bien vista y perceptible para todos (la punta del iceberg). Pero hay también otra parte, mucho más grande, sumergida en el agua, que queda fuera del alcance de la vista humana y de las leyes de la lógica habitual.

La soledad aparece cuando faltan contactos con el mundo circundante o con otras personas con las cuales se siente cierta afinidad, o cuando por alguna razón estos contactos resultan problemáticos. El problema clave de la soledad siempre toca el delicado tema de las relaciones humanas. Al echar una ojeada en el alma de un solitario podríamos encontrar historias conmovedoras de relaciones que no tuvieron lugar, decepciones y miedo a ser herido en sus sentimientos y desilusionado en sus esperanzas. Algunas personas se sienten solas por no tener en la vida a un compañero o compañera realmente querida con quien poder compartir las penas y alegrías. Otros quieren simplemente ser amados, ocupar un lugar principal en la vida de alguien. Y otros no son capaces de encontrar a alguien capaz de compartir sus pensamientos, sentimientos, sueños recónditos y aspiraciones. Este es un problema frecuente, y es propio de mucha gente que, teniendo un montón de conocidos, no pueden contar con un sólo “amigo fiel”. Otros se sienten solos por haber sido tantas veces abandonados y engañados que ya no creen a nadie ni nada, aun cuando la gente trate de acercárseles con intenciones plenamente sinceras.

El miedo a la soledad es natural y muy comprensible, pero a menudo se convierte en una fuente de decisiones erróneas, estados psicológicos verdaderamente tortuosos y desaciertos motivados por razones muy diversas y discutibles.

Si observamos cómo se manifiesta el miedo a la soledad constataremos que está siempre ligado a una necesidad básica del ser humano: sus relaciones con otras personas.

-Si tengo relaciones no me siento solo, y si no llego a tenerlas me siento frustrado.-
Si seguimos la lógica de esta idea, correcta en su base pero superficial en su esencia, y no tratamos de ir al fondo del problema -lo que sucede en la mayoría de los casos- resulta que nuestro bienestar y tranquilidad así como nuestra percepción de la felicidad, no dependen propiamente de nosotros mismos, sino de otras personas. Dependemos en mayor o menor grado de la reacción del otro, de su disposición hacia nosotros, de sus signos de atención, de su apoyo, comprensión y ayuda. La presencia de todo esto nos hace felices, nos ayuda a vivir y a sentirnos personas válidas y realizadas en la vida.

Por el contrario, cuando faltan las manifestaciones externas de este tipo, perdemos el equilibrio y la seguridad en nosotros mismos, caemos en depresión, nos sentimos débiles, heridos, incapacitados, y a veces nuestra propia vida parece perder todo su sentido. Como en este caso nuestra felicidad depende menos de nosotros mismos y mucho más de las circunstancias externas y de cómo nos van a tratar los otros, el miedo a la soledad adquiere una forma muy particular.

Obviamente todos esos motivos son verdaderamente conmovedores porque tocan algunos rincones íntimos, muy frágiles y a veces dolorosos del alma, y por ello merecen atención y respeto.

Cada vez que tenemos miedo de perder lo que ya tenemos, al igual que un jugador, apostamos todas nuestras esperanzas en una sola "combinación de cartas" que creemos que está obligada a salir. De lo contrario se derrumba todo, dado que no tenemos otras alternativas.

Pero la vida no es un cine ni un melodrama. ¿Qué pasa si realmente alguna vez nos quedamos sin la persona querida, sin hijos, sin amigos, sin apoyo y sin comprensión? ¿Significaría esto que la vida para nosotros ha terminado?

Para responder a esta pregunta hay que ir más allá de lo superficial, concentrarse en la parte oculta del iceberg que de inmediato no se puede ver ni entender. Y entonces queda claro que el problema de la soledad no se puede identificar únicamente con el hecho de tener o no tener relaciones. Los problemas en las relaciones son la consecuencia, pero no la causa de la soledad.

Si queremos conocer el verdadero amor, la amistad y la felicidad tenemos que resolver problemas fundamentales relacionados con las necesidades de nuestra propia Alma. Y estas necesidades no están determinadas por la opinión de los demás, ni por su manera de tratarnos, sino que dependen exclusivamente de nosotros mismos, de nuestra capacidad de entender el sentido profundo de la vida y las Leyes de la Naturaleza, del Hombre y del Universo.

El “alma” necesita no sólo relaciones verdaderas, sino todo lo que pueda darle oportunidad de despertar sus potenciales ocultos, sus grandes sueños, su nobleza y su profunda sabiduría.

¿Oye Tecuan, Y entonces qué necesita el alma?

Necesita encontrar el sentido de la vida. Saber por quién y por qué vive y muere. Soñar profundamente, con toda su fuerza, y tener una obra o meta para encarnar sus sueños. Un hombre sin sentido de la vida, sin grandes sueños, sin una “obra maestra” o meta, está realmente solo.
El Alma también tiene miedo de la soledad, pero sus temores son de otro tipo. No le preocupan tanto las cosas que podría conseguir o perder. Sus preocupaciones son mucho más profundas. No la preocupan tanto los errores de otros como sus propios errores. Y su felicidad no depende de lo que pueda obtener de otros sino de su propia capacidad de amor, sacrificio y dación.
Lo sé, lo sé lectores, parece paradójico, pero precisamente cuando un hombre ya no necesita nada para sí mismo, el destino le hace encontrar en su camino a seres queridos, verdaderos compañeros de ruta que aspiran a estar a su lado atraídos por la fuerza de su alma. Para convivir verdaderamente con otra persona, es necesario primero dejar de depender de ella.

¡”La única persona satisfecha por completo, es la que no necesita de nada”!

Y algo que definitivamente he aprendido en éste largo caminar es, que el verdadero amor y la verdadera amistad no se exigen, no se planifican, no se piden, no se compran ni se venden. En realidad vienen por sí solos. Lejos de ser un simple enamoramiento o una adquisición más para nuestra colección de objetos de valor, despiertan y se reconocen como estados superiores del Alma. El verdadero amor, NUESTRO VERDADERO AMOR; nace de nosotros mismos.

Igual que todos los grandes sueños, el amor no llega a ser realidad de golpe, sino que es el resultado de largas luchas, pruebas, sufrimientos, intentos repetidos de superación de los impulsos egoístas y posesivos (y vaya que YO he luchado mucho contra esto). Sólo lo puede encontrar aquel que no deja de soñar con ello como un principio superior de la vida y como una necesidad vital del alma. Entonces se siente como una bendición del destino, del universo, de la vida misma.

Cualquier intento de invocar el verdadero amor artificialmente, imponerlo, exigirlo, planificar los acontecimientos, poseerlo, acaban con un fracaso tarde o temprano. Esa rara ave de felicidad, tan fina y frágil, presiente la amenaza y evitando hacerse cautiva de cualquier tipo de intenciones egoístas, escapa de la jaula dorada especialmente preparada por nosotros, tal vez para no volver nunca más.

EL VERDADERO AMOR ES PROPIO DE LOS HOMBRES Y MUJERES FIELES QUE PREFIEREN PERMANECER EN SOLEDAD QUE TRAICIONAR SUS NOBLES SUEÑOS Y SUS ELEVADOS CRITERIOS

Es para aquellos que no se venden. No entran en relaciones simplemente para propiciar el bienestar material y por el simple placer sexual. No se unen con cualquiera sólo por no perder la oportunidad de formar una familia o para no quedarse solos hasta el fin de su vida. No se conforman con compañías de juerga, totalmente ajenas a los ideales de amistad y nobleza humana.

Los intentos de valorar las relaciones desde el punto de vista del análisis minucioso y detallado de lo que nos separa son un pasatiempo vano, una pérdida de nervios y energías. Si pretendemos mejorar o salvaguardar nuestras relaciones, tenemos que proponer una pregunta fundamental: "¿Qué es lo que nos une?"

Nuestras relaciones con otras personas van a durar tanto tiempo cuanto dure lo que nos une. Si lo que nos mantiene unidos es una casa, un chalet, el dinero, el atractivo exterior, la libido sexual o cualquier otra cosa "a corto plazo", es seguro que los primeros problemas que surjan en esta esfera van a constituir una amenaza a nuestras relaciones. Los vínculos que unen a los hombres que ya no tienen nada en común recuerdan a algunos pueblos situados dentro de las vías turísticas, donde tras las fachadas bien pintadas la vida aparenta ser normal, pero en realidad detrás puede haber un montón de problemas acumulados.

Lo que une de verdad a las personas son las dificultades, los momentos de crisis superados juntos. Es necesario aprender a dar el primer paso, sin perder nuestra individualidad ni el sentido de la propia dignidad. Para establecer y mantener las relaciones en pareja se necesitan los esfuerzos de ambos, y cualquier paso que emprendamos debe provocar una resonancia en la otra persona, seguida de su reacción y sus pasos de respuesta a nuestro encuentro. Si esto no sucede, por muchos esfuerzos reiterados que apliquemos, la conclusión debe ser: o los pasos que emprendemos no son los apropiados, o nuestras relaciones yacen sobre un terreno muy inestable, pues las mantiene tan sólo uno de los dos, que intenta salvaguardarlas asumiéndolo todo, cosa que, por cierto, es absurda y artificial. Para que cualquier relación tenga éxito es indispensable que ambas partes intenten superar el sentido del egoísmo y la posesividad.

A menudo no nos damos cuenta del hecho de que nuestros seres queridos representan una individualidad diferente e independiente de nosotros mismos. En consecuencia seguimos percibiéndoles como un reflejo de nuestras propias visiones, requerimientos y fantasías según nuestra opinión y nuestros deseos. Es muy peligroso tratar de educar y construir a otras personas de acuerdo con nuestro modo de ser. El amor requiere de aire fresco y de libertad del alma. Los que lo sienten y comparten no se disuelven uno en otro ni pierden su individualidad, más bien se asemejan a dos firmes pilares sosteniendo el techo de un mismo templo.

El amor requiere una entrega total y una falta de interés egoísta. En el amor verdadero no nos hace falta nada. Teniendo la posibilidad de amar, lo tenemos todo. Cuando alguien tiende a imponerse demostrando su egocentrismo, haciendo a todo el mundo dar vueltas en torno a sus problemas e intereses y exigiendo constantemente pruebas de amor y algún "premio" a cambio de sus sentimientos, no se trata simplemente de que todo esto pueda matar al amor, sino de que no es amor y nunca lo fue.

Y ya para terminar, después de todo este verbo marihuanesco. En este contexto la pregunta clave no debe ser "¿qué será mejor para mí?", sino "¿qué será mejor para el otro?"

Un amor o una amistad íntima es como un espejo: lo ve y lo refleja todo. Debemos ir descubriendo en el ser querido cada vez algo nuevo, una pequeña perla del precioso tesoro escondido en su alma, de lo que él o ella tal vez ni se hayan dado cuenta. Es inútil convencer tan sólo con palabras. Se consigue convencer e inspirar mejor con la fuerza del ejemplo propio. Un hombre capaz de vivir inspirado por un gran amor tiene una poderosa fuerza. Se parece a un rayo de luz entre las tinieblas: basta con saber que existe, que podamos guardar su imagen en el corazón, pase lo que pase.

En realidad hay que poner en marcha muchas fantasías negativas y muchas ideas circulares para llegar a sentirnos verdaderamente solos. Incluso si no logramos encontrar a un ser querido digno de guardar para siempre su imagen en el cofre de oro de nuestro corazón, todavía nos quedan el cielo, las estrellas, los grandes sueños inmortales que abrigan a todos los lobos solitarios capaces de soñarlos, amarlos y vivir por ellos con toda su alma. Aún quedan muchos amaneceres por observar y maravillarnos de lo hermosa que es la vida misma…


TECUAN

26.10.12

RECICLANDO A LOS "FELPUDOS"...


Me mandaron un video por facebook y después de verlo recordé un par de teorías que he deseado compartir con ustedes.


El video es el siguiente:
                        

(Divertido y realista ¿no?)

Un hombre como yo, no puede evitar que la mujer de sus sueños no sienta atracción por él, pero lo que sí puedo impedir, es ser arrojado en canallesca jugada, al rincón de los «peluches».


Muchos se preguntarán ¿qué es un peluche? …bueno, les voy a explicar:

De acuerdo con un diccionario enciclopédico de sexualidad humana —cuyas páginas aún no se escriben— “el peluche” es aquel hombre, más pusilánime que tímido, que cultiva ingenuamente la figura del «mejor amigo» de una mujer, como paso inicial para conseguir una cópula con aquella chica que inflama su deseo carnal.


En este sentido, “el peluchismo” es un método indirecto y encubierto de seducción, inevitablemente condenado al fracaso dado que no parte de una base real, que viene siendo la atracción de la mujer, sino de una errónea percepción de progresivo enamoramiento.


Son dos las razones que dan pábulo a estas falsas expectativas de enamoramiento:


La primera, de orden mental, consiste en la equivocada creencia de que la afinidad espiritual desemboca inexorablemente en el coito...


La segunda, de orden físico, guarda relación con los mimos, abrazos y manoseos permanentemente hechos por la mujer histérica que ha tenido a bien transmutar al hombre enamorado en un “peluche”; que quiere decir esto: pues, en ser un ser negado para la sexualidad.

No olvidemos que todos los monos de peluche en sus distintas formas y colores, no tienen genitales, y que ninguna de las parafilias documentadas por la psicología clínica da cuenta de un morbo o excitación asociado al uso de juguetes felpudos.


Sin embargo, lo más lamentable de esta dramática situación es que el pobre peluchito (tú, yo, cualquier hombre que no se dé cuenta) desconoce que es un peluche. Olvidando cada uno de los crecientes y sucesivos fracasos de su metodología de cortejo. No tiene conciencia de su amor zombi. Su mente se encasilla en un optimismo enfermizo, que le hace ver el triunfo en el terreno agostado por la aridez afectiva. Al decir de un famoso verso lusitano, el peluche es gallo que canta ignorando la noche. De ahí, que se precise la intervención de un amigo para despertarlo del sueño profundo:


(Conversación entre dos amigos de confianza plena)
Amigo:¿Pero Peluchín (fulano idiota) cuántas citas llevas con esa chica?

Peluche:Creo que unas treinta salidas, pandilla. Pero tranquilo, que ya está a punto de caer. Tienes que verla; se ríe con mis chistes, se preocupa por mí y el pasado 12 de febrero me dio un regalito por el día de los enamorados y la amistad…



¡La amistad, la amistad! ¡Malhaya la amistad! ¡He ahí la estela funeraria de todo peluche! ¡He ahí la daga letal que nunca podrá ser arrancada!

Sabido es que la mayoría de las mujeres, en un acto de condenable sadismo, mantiene para su diversión personal a un elenco de hombres-peluche, que casi siempre gustan de llamar «amigos».


Seres heterosexuales que asisten en silencio a la divulgación de un amplio y ajeno anecdotario de problemas de pareja y confidencias de cama. Una variante moderna de la tortura que es complementada con una sesión de abrazos y arrumacos cargados de lascivia, que sólo terminarán cuando el peluche —más azul que un avatar, por culpa de la libido— se le ocurra el despropósito de solicitarle el “copulacho” a su histérica opresora.


Cosa que nunca ocurrirá, porque nuestro felpudo y simpático amigo no está invitado al baile del placer. Pero de llegar a asistir, en calidad de coleado o arrocero, entonces lo máximo que podría bailar sería una pieza de salsa y otra de merengue. Jamás en la vida gozaría la barriobajera gloria de un “perreo”, ya que una draconiana ley no escrita prescribe que peluche no baila pegado: sólo hace coreografía.


CONSEJO DEL TECUÁN:
Un buen comienzo en el largo camino para dejar de ser un peluche, lo constituye la práctica del «número mágico». Esta estrategia consiste en la fijación de un tope de salidas infructuosas —en términos de avances específicos— que le sirva de referencia a la persona a la hora de determinar con exactitud cuándo debe pararse el galanteo, justo antes de transformarse en un felpudo amigo.

Analiza, ¿¿cuántas veces has salido con ella a "tomar un café", "ver una peli". "darle un <<ride>>", etc.??

Si la respuesta es: más de tres veces, y aún no has conseguido nada, estas justo en esa línea delgada, entre ser su "mejor amigo y peluche" o la posibilidad de encarnarse en una aventura de épicas proporciones.

La idea es bastante buena. No olvidemos que la imposibilidad de ver recuperada en réditos amatorios la cuantiosa inversión realizada por el peluche es lo que hace de él, más que el exitoso ejecutante de un programa de inversiones, el resignado supervisor de un programa social de apoyo a las mujeres histéricas.


Peluches del mundo: ¡Despierten y reaccionen! No hagan suyos los adoloridos versos del poeta de la Rua dos Douradores:

«Contemplo, como en una extensión al sol que rompe nubes, mi vida pasada; y noto, con un pasmo metafísico, que todos mis gestos más seguros, mis ideas más claras, y mis propósitos más lógicos, no fueron, al final, más que solemne borrachera, locura natural, gran desconocimiento. Ni siquiera representé. Me representaron. Fui, no el actor, sino sólo sus gestos».



Repitan a sí mismos lo siguiente:
A partir de ahora voy a hacer lo que ningún hombre ha hecho por ti jamás.
Tolerarte si me desprecias. 
Insistir, insistir, insistir hasta que cedas, incluso ser amable, paciente y servicial. 
Mostrarte mi mejor cara, y negarte el monstruo que llevo dentro.
Estoy dispuesto ahora más que nunca a buscarte y encontrarte, ¡a ser fuerte, muy fuerte!
Y hacerte fuerte, muy fuerte, para que aprendas a quererme sin miedo.



Fue muy extraño encontrar este libro: -"Sobre la naturaleza de las cosas eróticas" de Francisco González Crussí-, en el momento indicado, pues no sabía de qué se trataba mi enfermedad y ahora lo sé.

El amor es o parece ser una enfermedad. Al hablar del amor nuestra mente nos remite a un corazón en su representación más sencilla, tal vez atravesado por una flecha... que a su vez, esto significa ¡dolor!

Pues sí, es una enfermedad dolorosa! Los síntomas parecen más bien un encantamiento, un maleficio mediante una sustancia y algunos ritos.


Lo que sucede es que cuando una persona abstrae por sus sentidos a otra y le atrae, por diversos motivos y factores personales como externos, (dije personas no sexos, nótese: gente con gente no es pecado, amén) ésta, comienza a tener todo un tipo de cambios a nivel molecular, segrega algunas sustancias endócrinas. Estas sustancias se dice que son serotonina, dopamina, endorfina y adrenalina.


Todo lo cual produce que, cuando ves a esa persona, escuchas su nombre o algo te la trae a la mente, los síntomas sean: "vasodilatación cutánea, aceleración del pulso" contracción del diafragma, por lo cual se dice que se sienten “mariposas en el estómago” y sobre todo una expresión característica de bienestar que se expresa en la cara, "el rictus", una sonrisa, afabilidad, entusiasmo y varios etc’s más.


Sin embargo, éste, el más bello de los sentimientos es una enfermedad, te adentra en su nebulosa, "la razón se nubla, los sentidos se perturban y la imaginación se deforma." A menos de que uno sepa su enfermedad, controle los síntomas, aquel arrebato, el frenesí con el que quiere "encamalgamar" a su amada!!!!!! y aparearse para mejorar la especie!!!!


....bueno... sólo entonces...


Puede uno razonar cabal y discernir, con el propósito de no resultar muy herido, luego entonces, el que sufre de amor debe salir del anonimato, "Me llamo Tecuan y sí, estoy enamorado...de (fulanita)" Entonces lo que sigue es:


1. Desangrarse. (Como todo buen hombre sabe hacerlo)
2. Pensar en los defectos de esa persona, para bajarla a tierra.
3. Hacer ejercicio.
4. Fornicar a esa persona 10 veces al día y reconsiderar que era eso lo único que se deseaba.
5. Sufrir un susto muy fuerte.
6. Beber como albañil (en su honor) en el día de la santa cruz.


Yo he optado por la opción número 3 y la número 6...

TECUAN

23.8.12

DEL AMOR Y DE ESAS NUEVAS “FORMAS DE DEMOSTRARLO”…

Recientemente he estado leyendo mucho el blog de Toni Negre quien muy amablemente hace unos días publico un post homenaje a mi persona que la verdad me dejo perplejo, pavoneado y muy contento, sin duda alguna visitar su blog... lo vale!!
 
Lo vale a tal grado que me ha puesto a reflexionar mucho, y no se crean que lo he estado leyendo por correspondencia, como bien él dice, creo que las personas que tenemos un blog y convergimos en twitter por alguna extraña circunstancia, lo conseguimos por algo grande llamado "literatura", ese es; el lazo que nos une, independientemente de la distancia o fronteras.
 
Esa es la razón por la cual no había publicado nada, me entusiasme tanto con aquel post que anduve presumiendo a todo mundo tal mención, tal detalle…
 
Pero todo tiene su tiempo, y el tiempo de regalarles mi nuevo verbo, ha llegado….

 El amor, ¡ay! El amor... 
 
...El ser humano es estúpido, dicen los “grandes pensadores” y aún es más estúpido cuando éste se encuentra enamorado (en eso estoy de acuerdo). El amor; más que un sentimiento, el amor eterno en estos días pareciera ser la más vigente de las más hermosas pero muy antiguas leyendas. Se cuentan por montones los amantes que, seducidos por la promesa de una felicidad eterna, abandonan el apacible predio de la certeza para extraviarse en los senderos sinuosos de la pasión.
 
Pero, siendo realistas; el hecho de que el amor eterno se asemeje a un mito, no representa un dato desdeñable. Nos ayuda (creo) a comprender, por ejemplo, la inveterada costumbre del ser humano de solicitar a los pretendientes involucrados el cumplimiento de determinadas pruebas de iniciación; pruebas que le ayuden a ambos, comprobar la pureza de las intenciones, pero también a desenmascarar, de modo oportuno, el juramento pronunciado por labios mentirosos, urgidos de ocultar la efímera vida del deseo.
 
Si el amor eterno es una historia, no puede sorprendernos que esté sometido a ciertas reglas y mecanismos narrativos. El lingüista Vladimir Propp, al analizar cientos de relatos de la tradición oral rusa, concluyó, en su libro Morfología del cuento, que las leyendas populares no deben verse como una mera secuencia de sonidos y palabras susceptibles de ser memorizados, sino más bien como una estructura de sentido: un producto de la concatenación de treintaiún motores dramáticos (motifemas, según Alan Dundes) que marcan las acciones de los personajes. Para Propp el decimosegundo «detonante dramático» es el encuentro del protagonista con un ser (un monstruo, una persona, una entidad espiritual) que lo somete a una prueba; mientras que el vigesimocuarto «detonante dramático» consiste en la prueba que hace posible la anagnórisis del protagonista y el descubrimiento de la usurpación cometida por el malvado. Según él, la estructura en cualquier narrativa, puede atrapar a cualquiera…
 
Sin embargo, los protagonistas de las historias populares no son las únicas personas obligadas a superar una prueba de iniciación. La dinámica lúdica y lúbrica del cortejo sexual compele al hombre enamorado —adalid por excelencia del ideario romántico—, a repetir, durante el proceso de seducción de la amada, el sino del héroe griego, quien siempre encontró en la superación de pruebas la fase favorita de la aventura mítica, según apunta el erudito Joseph Campbell en el estudio clásico El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito.
 
La obsesión de hombres y mujeres por las pruebas puede también explicarse porque en las tareas impuestas se mezclan, como en pocas cosas en la vida, lo divino con lo mefistofélico, la afirmación de la fe con la desconfianza velada. Por ejemplo; en el libro de Génesis, dios apela a este expediente cuando ordena al fiel Abraham sacrificar a su hijo primogénito, Isaac, para testimoniar la intensidad de su devoción… de su amor. En la Biblia también leemos como Satanás emplea la fijación de pruebas como un medio no santo para comprobar la autenticidad del amor y la fe proclamados por Job. La utilización de pruebas por parte de la religión desembocaría, con los años, en la historia negra de las ordalías y la inquisición.
 
Muchos espíritus de la noche, en particular aquellos de vocación mesiánica, han tomado debida nota de las repercusiones que en la psiquis humana tiene la imposición de pruebas. Saben muy bien que quien logre cumplir con la serie de incómodas exigencias habrá transmutado en admiración algo tan vulgar como la difidencia; además de encontrarse en capacidad, gracias al nimbo de heroicidad que rodea a su imagen, de publicitar su condición de ser predestinado, de hombre superior que logró cumplir lo dispuesto por la profecía. Y esto es así, porque, como dice el historiador de las religiones Walter Burkert, “la superación de pruebas y ritos es una de las maneras de creación de lo sagrado”.
 
La sociedad imbuida de romanticismo representa, en sí misma, la versión colectiva del mito del amor eterno. El recelo y el cinismo contaminan de cutio el venero de los sentimientos. Los ideales se marchitan. La rijosidad y el cinismo vulgarizan los afectos e imponen pruebas a veces exageradas como prendas de amor: el sátiro pide sexo, la promiscua demanda muestras de castidad, la querida exige bienes a su nombre, el inseguro exige muestras de fidelidad y el padre renuente solicita una prueba de ADN para responsabilizarse de su descendencia. Solo por citar algunos ejemplos.
 
En la actualidad son demasiados los factores que enajenan la confianza de los amantes: la exaltación del deseo, la dificultad de diferir las gratificaciones, el fomento del exhibicionismo en las redes sociales (un caso extremo: el sexting, la difusión de autorretratos con contenidos sexuales implícitos o explícitos), la posibilidad de experimentar una «vida paralela» gracias a los avatares virtuales, la crisis institucional de la monogamia, el desprestigio de la fidelidad como forma de relacionamiento sexual, la pérdida de influencia de las religiones, la presencia universal de cámaras de vigilancia y la capacidad de reconstruir vidas enteras a partir de los registros informáticos de los internautas. Nunca como ahora las personas están en capacidad de comprobar, mediante mecanismos clandestinos de auditoría, la veracidad de las promesas de amor lanzadas al calor del deseo.
 
Las circunstancias históricas que cambian la concepción tradicional del amor también renuevan el elenco de las pruebas diseñadas para demostrar la sinceridad de lo prometido. A diferencia de Hércules, Teseo y Perseo, ya no es necesario batirse contra el león de Nemea, el minotauro de Creta, la hidra de Lerna, el jabalí de Erimanto o el temible dragón Ladón, que con sus cien cabezas custodiaba las manzanas doradas del jardín de las Hespérides. Tampoco es suficiente con bajar la luna, las estrellas, llevar serenatas o regalar el mar. La cosa, en verdad, es mucho más compleja...
 
Ya lo he dicho en escritos anteriores, a mi edad he vivido de todo, he sufrido desamor, una vez que ame de verdad, sincera, fiel y lealmente… ese ardid de situaciones amorosas por las que he pasado me han llevado por largos y sinuosos caminos con enredaderas, espinas, empedrados y desiertos inhóspitos, aunque también por verdes prados llenos de flores hermosas y brisas refrescantes, me han traicionado, he mentido, me han mentido, he amado, me han despreciado, he engañado, me han amado y he despreciado, he vivido la injuria de descubrir con mis propios ojos la traición de l pecado carnal y lo he perdonado ¿Quién soy yo para odiar? Ahora bien, menciono esto porque el asunto en este escrito es hablar de esas “pruebas” que uno ofrece cuando siente que esta lleno de amor… soy un ferviente defensor del amor y sobre todo del no arrastrar rencores, somos dueños de nuestras tristezas y a la vez de nuestra felicidad, no podemos responsabilizar a nadie más de ello, el hacerlo solo nos encadena a un estado de pasividad eterno que no nos permite evolucionar, mental, emocional y espiritualmente…
 
Y es en este asunto de las “pruebas de amor” que a manera de breviario cultural se describen las que considero, NUEVAS pruebas de amor (los nuevos trabajos del Heracles moderno) que los galanes “héroes” del ahora, deben superar si realmente aspiran tener una oportunidad (emocional y/o sexual) con una mujer, a quienes de manera respetuosa y romántica, me atrevo a llamarles “dueñas de la franquicia del suspiro”. (Vayan a “tuitearlo”, si quieren.)
 
Prueba heroica #1: Revelar las claves de acceso a Facebook, Twitter y demás redes sociales, además de los correos electrónicos.
Citan, los expertos en “stalkeo”: «Muros vemos, mensajes privados no sabemos», tal es la máxima de las mujeres celópatas que no están dispuestas a perder a sus machos por el ataque informático de unas cuantas “ciberzorras” que decidieron hacer caso omiso del juramento de amor debidamente notariado en los perfiles de Facebook. Los cuernos por internet, aunque virtuales, también duelen. La infidelidad comienza a gestarse con un toque virtual y un ícono de jarra de cerveza, para luego concretarse en el reservado de uno de los tantos mataderos de ciertas calles atiborradas de moteles…
 
Así que para evitar toda esa vorágine de penosas situaciones, la hermosa dulcinea pronuncia las palabras mágicas: ¡Dame esas claves ya, desgraciado!
 
Mas vale entregarlas, si se pretende mantener el concúbito.
 
Prueba heroica #2: “Donaciones” electrónicas a su tarjeta de débito o crédito para compras en internet o centros comerciales.
La dulcinea se queja amarga y constantemente de la falta de dinero necesario a la hora de importar, o comprar en el exterior, los dispositivos electrónicos (gadget) del momento que hacen posible el amor del siglo veintiuno: el ipad, el ipod, el iphone y el ilove (un vibrador inteligente, con tecnología touch, variador de velocidad, conexión inalámbrica a internet y carpeta de «mis favoritos»).
 
Prueba heroica #3: Compartir, mediante enlace nupcial, legal y eclesiástico (cuándo aplique) las bondades jurídicas y socioeconómicas del “pedigrí” europeo o de menos, estadounidense.
¿A que me refiero? Pues bien, la genética es una ciencia respetable, aunque sólo en tierras prósperas y desarrolladas, porque en países bananeros carcomidos por la pobreza, la inflación, la impunidad, la violencia y la corrupción, la genética es a lo mucho otro barrote más de la prisión nacional, una tara cromosómica que impide al alma universal establecerse en el mundo. La única posibilidad de que una mujer criolla de pura cepa pueda «irse demasiado» a vivir a Estados Unidos o a Europa es que su príncipe azul resarza con su pasaporte los daños y perjuicios ocasionados por el ácido desoxirribonucleico. Así es amigos, ya no basta con sacar a la amada por las puertas de una iglesia; ahora es requisito cuasi obligatorio, sacarla también de la pobre nación en la que nació.
 
Prueba heroica #4: Entregar la contraseña de los cajeros automáticos y las claves de acceso a la banca electrónica.
Este nuevo pedimento femenino es extremista, ya que no se diferencia mucho del modus operandi de los secuestradores exprés que te suben sin consentimiento a un vehículo a dar la ronda por la mayor cantidad de bancos y cajeros automáticos de la ciudad, la única diferencia digna de mencionar entre este acto vandálico con la solicitud de la dulcinea, es que los malhechores, a la hora de consumar el paseo por la ciudad, independientemente de amagarte y amenazarte con un arma, tienen la cortesía de no subir a tu suegra en la parte trasera del carro, y eso ya es ganancia. No cabe duda de que se trata de una de las exigencias más difíciles de satisfacer.
 
Prueba heroica #5: Conseguir los productos desaparecidos de los anaqueles del supermercado.
Como si acaso la prueba anterior no fuese demasiado, nuestro héroe “new age” deberá emprender un viaje de proporciones míticas, no a Ítaca, no a la Cólquide, no al Valhalla ni al inframundo, sino a cuanto establecimiento o abarrotera de mala muerte expenda los diecinueve productos regulados y desaparecidos y por si fuera poco, a buen precio, para no gastar demasiado del erario mancomunal.
 
Prueba heroica #6: Patrocinar la colocación de prótesis mamarias, implantes de glúteos, así como también una operación de rinoplastia.
En este apartado, sólo se precisa hacer una aclaratoria: estas correcciones estéticas obedecen única y exclusivamente a la epidemia de nódulos mamarios, tabiques desviados y abscesos pélvicos que azotan actualmente a las mujeres en todo el mundo. Nunca jamás deben relacionarse con crecientes problemas de autoestima... o sea, “esta de moda”. Y quien no esta “in”, pues esta “out”.
 
Prueba heroica #7: Financiar el seguro del vehículo.
El héroe se salvará de esta erogación siempre y cuando el carro que haya comprado para su amada haya sido el vehículo descapotable de la Barbie. Del resto, sólo algo será seguro: tendrá que pagar el seguro de responsabilidad civil.
 
Prueba heroica #8: Dejarse extraer las espinillas y puntos negros en plazas y parques públicos.
Para que no digan que todas las pruebas tienen que ver con el cochino dinero, nos llega este extraño hábito sociocultural de las mujeres mexicanas, (no sé, si sea tal caso en otros países). Una costumbre tan extraña que no encuentra réplica en ninguna sociedad del mundo civilizado ni tampoco ha sido documentada en tribus y etnias de regiones agrestes. Es cuasi a nivel orgásmico el ritual de exfoliación manual que las chicas hacen que es imposible evitar decir “no” ante tales atrevimientos.
 
Prueba heroica #9: Grabar en el ipad, ipod, reproductor mp3 o cualquier dispositivo de almacenamiento de música; las canciones de Ricardo Arjona, Fey y demás insultos a la virilidad para escucharlas durante un viaje recreativo o de vacaciones.
Hasta este momento no se sabe a ciencia cierta si esta actividad deba ser inventariada como una “prueba de amor” o más bien como lo que parece ser: una condenable variante de la tortura medieval. Desde esta modesta atalaya virtual, no podemos menos que deplorar el acto de terrorismo acústico que supone obligar a varones bien nacidos almacenar en su ipad un cancionero lleno de versos efectistas y comerciales, alumbrados en mala hora por un salsero erótico con ínfulas de juglar.
 
 
En fin, como dijo Jacinto Benavente: «El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece». Yo no sé ustedes, pero preferiría seguir matando monstruos míticos, soslayando dragones, ofreciendo serenatas y emborracharme honorablemente, antes que entregar la poca libertad que aún nos queda…
 
Aun así, si eres tú, uno de esos héroes “new age” mencionados que sucumben sin problema la lista de pruebas mencionada, sábete que no te admiro… te detesto porque cuándo ellas se enteran de que uno pudo, esperan de su hombre la replica que dignifique la oportunidad otorgada!!
 
Quizá por eso no he tenido éxito en tales líos… por algo, nadie nunca me ha dicho que sea fácil ser amado.


TECUAN